La aparición de la Compañía de monte Ramón Rosa Jiménez en el año 1973 por la selva tucumana, modificaría para siempre la vida de los zafreros. La simpatía con la que las organizaciones guerrilleras contaban al inicio, culminó cuando se ejecutó a soldados, en algunos casos hijos o amigos de zafreros -Soldado Maldonado y Teniente Berdina, son pueblos que recuerdan a esos caídos,- y en términos públicos y políticos , la ejecución del General Humberto Viola y Cristina Viola, su hija de 3 años, generó tal repudio que hasta el propio Roberto Santucho- fundador y líder del ERP.- habría quedado diezmado por la tragedia maldiciendo a los ejecutores del atentado.
La idea de Santucho de convertir a Tucumán en un Vietnam fue llevada adelante por guerrilleros- preparados en Cuba, muchos de ellos- pero sufrió rápidamente el alejamiento de los trabajadores del surco por una cuestión lógica.
La lucha armada nunca fue una opción de ellos, a eso se agregan derrotas militares como: “La masacre de La Virgen del Rosario”, donde se ejecutó sin miramientos a 16 guerrilleros que se habían entregado, ilusionados conque se respetarían sus derechos, y posteriormente “El combate de Manchalá”. En los dos casos, la historia cuenta, que fueron campesinos de la zona los que alertaron al ejército, lo que prueba el distanciamiento.
No era fácil la vida de los zafreros, debían andar munidos de un carnet que los identificaba como tal y el perderlo, o no tenerlo, podía salir muy caro.
Los controles eran brutales, y ver militares ingresando a los ranchos a patadas era algo totalmente normal. Hasta por tabear o jugar a las cartas se los llevaban detenidos.
Embretados en una lucha ideológica en la que solo ponían el lomo, vivían la década del 70 estos hermanos, que si bien reconocían que los niveles de explotación, motivaban descontento, protestas y organización, no se sentían parte del enfrentamiento militar porque nadie les había preguntado y las únicas armas que manejaban eran un machete, una pala o una azada.
La familia Condorí está descansando a la sombra del cañaveral. Padre, madre y sus tres hijos. Llegaron desde Tafi del Valle como todos los años y como lo hicieron sus antepasados a lo largo del siglo.
Don Luis pide silencio -shhhh!!!-. Todos callan.
De entre las cañas viene un silbido corto y direccionado hacia ellos.
Don Luis busca con la mirada y lo ve. La cabeza de un joven se mueve entre las cañas casi al ras del piso.
Pide a su familia que disimule al máximo, mientras se acerca temeroso a la figura de entre el cañaveral. El miedo se respiraba cuándo los camiones del ejército aparecían por entre los cañaverales, el miedo se multiplicaba si los que rondaban eran guerrilleros.
El secuestro de los hermanos Born el 19 de noviembre de 1974 por parte de Montoneros y el pago del rescate de 60 millones de dólares, era una afrenta que el ejército quería vengar a cualquier precio y los trabajadores sabrían después de los costos..
El líder de Montoneros, Mario Firmenich, recibido con honores de jefe de estado en Cuba, expresaba: “El revolucionario debe estar en el pueblo como el pez en el agua”…”Entonces quemaremos el océano”, le respondieron.
70 días después de este secuestro, Isabel Martínez como presidente de la nación firmaba los decretos para «neutralizar y/o aniquilar el accionar subversivo".
Los militares tenían a Firmenich a 20 mil kilómetros. A los zafreros a 2 metros. La opción fue lógica, 30 % de los desaparecidos durante la dictadura son trabajadores y 21 % estudiantes.
Solo la empresa Molinos Ríos de La Plata de los hermanos Born, tiene 26 desaparecidos entre trabajadores y delegados gremiales. Firmenich vive en Barcelona y disfruta mucho de los triunfos de Racing de Avellaneda
Antes de morir, Rodolfo Walsh los describiría de frente y de perfil: “El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva”.
Luis Condori sabe de los riesgos que corre un trabajador ayudando a un guerrillero, por lo que se acerca al joven con total naturalidad mientras su familia, pela caña, disimula y observa.
Luis entra en el cañaveral y ahí está. Un joven de pelo rubio con mechones unidos por la sangre que mancha todo el cuerpo, su ropa está destrozada, sus manos cubiertas de un barro de sangre y tierra. No debe tener más de 24 años.
- “Agua señor, agua”-.
Luis tiene una botella envuelta en lona de arpillera mojada que descuelga de su hombro y le da. El joven vacía la botella con desesperación y mete su mano al bolsillo, saca billetes nuevos, como recién salidos del banco y le ofrece a Luis.
-“Por favor consígame algo para comer”-.
Luis no toca el dinero. -“Acá no se usa dinero, nos pagan con vales, tener dinero me convierte en sospechoso, si alguien me viera con eso podría ser mi final”-.
-Perdón, perdón, no tengo otra cosa, perdón, hace 2 días que no como nada…-
-¿Qué le pasó?-.
-Tuvimos un enfrentamiento con los milicos, yo me escape por el monte pero nos rodearon y al correr por entre el talar las espinas me dejaron casi desnudo, un grupo nos disparaba desde la barranca y en el rió nos esperaban los otros. Se mataban de risa y hacían puntería con nosotros.
No sé qué fue de mis compañeros, yo me hice el muerto y como tengo tanta sangre solo me dieron una patada para asegurarse de que ya no me movía, anoche salí del monte pero no pude alejarme mucho por la sangre que perdí, las espinas me tajearon hasta el cuero cabelludo y el hambre me marea.
Luis se arriesga - Yo le dejare todo, el pan, la yerba, el tarro para el mate cocido y la comida que sobró, pero por favor no haga nada, nada, hasta la noche, por favor prométame, por favor, se lo pido por mis hijos-.
- Prometido amigo, prometido, nunca lo olvidare y si salgo vivo lo visitare-.
Eduardo Chavarria
Texto perteneciente al libro Golondrinas sin cielo. 2° parte.
La idea de Santucho de convertir a Tucumán en un Vietnam fue llevada adelante por guerrilleros- preparados en Cuba, muchos de ellos- pero sufrió rápidamente el alejamiento de los trabajadores del surco por una cuestión lógica.
La lucha armada nunca fue una opción de ellos, a eso se agregan derrotas militares como: “La masacre de La Virgen del Rosario”, donde se ejecutó sin miramientos a 16 guerrilleros que se habían entregado, ilusionados conque se respetarían sus derechos, y posteriormente “El combate de Manchalá”. En los dos casos, la historia cuenta, que fueron campesinos de la zona los que alertaron al ejército, lo que prueba el distanciamiento.
No era fácil la vida de los zafreros, debían andar munidos de un carnet que los identificaba como tal y el perderlo, o no tenerlo, podía salir muy caro.
Los controles eran brutales, y ver militares ingresando a los ranchos a patadas era algo totalmente normal. Hasta por tabear o jugar a las cartas se los llevaban detenidos.
Embretados en una lucha ideológica en la que solo ponían el lomo, vivían la década del 70 estos hermanos, que si bien reconocían que los niveles de explotación, motivaban descontento, protestas y organización, no se sentían parte del enfrentamiento militar porque nadie les había preguntado y las únicas armas que manejaban eran un machete, una pala o una azada.
La familia Condorí está descansando a la sombra del cañaveral. Padre, madre y sus tres hijos. Llegaron desde Tafi del Valle como todos los años y como lo hicieron sus antepasados a lo largo del siglo.
Don Luis pide silencio -shhhh!!!-. Todos callan.
De entre las cañas viene un silbido corto y direccionado hacia ellos.
Don Luis busca con la mirada y lo ve. La cabeza de un joven se mueve entre las cañas casi al ras del piso.
Pide a su familia que disimule al máximo, mientras se acerca temeroso a la figura de entre el cañaveral. El miedo se respiraba cuándo los camiones del ejército aparecían por entre los cañaverales, el miedo se multiplicaba si los que rondaban eran guerrilleros.
El secuestro de los hermanos Born el 19 de noviembre de 1974 por parte de Montoneros y el pago del rescate de 60 millones de dólares, era una afrenta que el ejército quería vengar a cualquier precio y los trabajadores sabrían después de los costos..
El líder de Montoneros, Mario Firmenich, recibido con honores de jefe de estado en Cuba, expresaba: “El revolucionario debe estar en el pueblo como el pez en el agua”…”Entonces quemaremos el océano”, le respondieron.
70 días después de este secuestro, Isabel Martínez como presidente de la nación firmaba los decretos para «neutralizar y/o aniquilar el accionar subversivo".
Los militares tenían a Firmenich a 20 mil kilómetros. A los zafreros a 2 metros. La opción fue lógica, 30 % de los desaparecidos durante la dictadura son trabajadores y 21 % estudiantes.
Solo la empresa Molinos Ríos de La Plata de los hermanos Born, tiene 26 desaparecidos entre trabajadores y delegados gremiales. Firmenich vive en Barcelona y disfruta mucho de los triunfos de Racing de Avellaneda
Antes de morir, Rodolfo Walsh los describiría de frente y de perfil: “El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva”.
Luis Condori sabe de los riesgos que corre un trabajador ayudando a un guerrillero, por lo que se acerca al joven con total naturalidad mientras su familia, pela caña, disimula y observa.
Luis entra en el cañaveral y ahí está. Un joven de pelo rubio con mechones unidos por la sangre que mancha todo el cuerpo, su ropa está destrozada, sus manos cubiertas de un barro de sangre y tierra. No debe tener más de 24 años.
- “Agua señor, agua”-.
Luis tiene una botella envuelta en lona de arpillera mojada que descuelga de su hombro y le da. El joven vacía la botella con desesperación y mete su mano al bolsillo, saca billetes nuevos, como recién salidos del banco y le ofrece a Luis.
-“Por favor consígame algo para comer”-.
Luis no toca el dinero. -“Acá no se usa dinero, nos pagan con vales, tener dinero me convierte en sospechoso, si alguien me viera con eso podría ser mi final”-.
-Perdón, perdón, no tengo otra cosa, perdón, hace 2 días que no como nada…-
-¿Qué le pasó?-.
-Tuvimos un enfrentamiento con los milicos, yo me escape por el monte pero nos rodearon y al correr por entre el talar las espinas me dejaron casi desnudo, un grupo nos disparaba desde la barranca y en el rió nos esperaban los otros. Se mataban de risa y hacían puntería con nosotros.
No sé qué fue de mis compañeros, yo me hice el muerto y como tengo tanta sangre solo me dieron una patada para asegurarse de que ya no me movía, anoche salí del monte pero no pude alejarme mucho por la sangre que perdí, las espinas me tajearon hasta el cuero cabelludo y el hambre me marea.
Luis se arriesga - Yo le dejare todo, el pan, la yerba, el tarro para el mate cocido y la comida que sobró, pero por favor no haga nada, nada, hasta la noche, por favor prométame, por favor, se lo pido por mis hijos-.
- Prometido amigo, prometido, nunca lo olvidare y si salgo vivo lo visitare-.
Eduardo Chavarria
Texto perteneciente al libro Golondrinas sin cielo. 2° parte.

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