"CRÓNICA DE UNA PRIMAVERA TRUNCA". MACARENA


Hace 100 años en un rincón del mundo, Jóvenes de Argentina escribíamos a los hombres y mujeres libres de Suramérica: “Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora nuestramericana” Hace un par de años, que parecen muchos, pero en realidad fue ayer, junto a miles de jóvenes sentíamos pisar una revolución. En el año 2013, en La Rioja, en la periferia de la periferia, muchos y muchas nos animamos a soñar que Otro mundo era posible. La Toma de la Universidad Nacional de La Rioja, en una unión de trabajadores y estudiantes, y de toda la comunidad riojana, volvía a gritar ¡BASTA!, tomando como ejemplo la histórica lucha del ¡Famatina No Se Toca! Teníamos en nuestra tierra a los mejores maestros en luchar y resistir, y así fue que de ellos aprendimos el principal método que rompió con la Dictadura que reinaba en nuestra universidad: el método asambleario. Una gran Asamblea compuesta por representantes de todos los estamentos de la universidad, siendo en su mayoría estudiantes, gobernaba nuestro territorio, ocupado por 21 días, buscando transformar una universidad que fue nacionalizada en el seno del neoliberalismo y por uno de sus principales ejecutores en nuestro país: Carlos Saúl Menem. Si, Carlos Saúl Menem. El mismo responsable de la legislación que sentó las bases para la instalación del modelo extractivista en Argentina y que fue parido en las tierras donde no se dejó tocar ni saquear al Cerro del Famatina. Es que así nos va marcando la historia, pues somos sujetos históricos, determinados por esas luchas donde a veces ganan los de arriba y a veces, los de abajo. Vengo de la provincia de La Rioja, al Noroeste del país, en un rincón de Argentina donde no aportamos mucho al PBI, pero nuestros cerros son de interés mundial por los minerales que yacen en ellos. Nací en febrero del 1990. Si, en los neoliberales años 90. Crecí y caminé mi educación primaria en una escuela privada, fruto de la privatización de la educación en mi país, pero la crisis del 2001 me encontró en una escuela pública, donde los primeros meses fueron de paro, como hoy, en el año 2018. Recuerdo a mis profesoras del Colegio Preuniversitario General San Martín, en plena crisis de los años 2001 – 2002, manifestándose por los pasillos de la escuela con cacerolas y llorando en las clases porque el salario no alcanzaba para vivir. La educación superior, mi formación de grado, transcurrió en esa universidad que pasó de ser provincial, a ser nacional durante el gobierno de Carlos Menem y gobernada por Enrique Tello Roldan por más de 20 años. Marcada por el neoliberalismo, mi formación en la Licenciatura en Ciencia Política estuvo direccionada a formar politólogos para el poder o incluso a veces para el mercado. El programa de estudio colocaba como perfil profesional la posibilidad de trabajar para empresas asesorando en estrategias de marketing, o asesorando a candidatos, debido a que en el sistema capitalista nos vende un candidato con las mismas estrategias para promover el consumo como lo hacen con cualquier otra mercancía. El bagaje teórico rondaba entre la elección racional, considerando a los votantes como consumidores, y el análisis estratégico usaba la matriz con la cual se identificaban las oportunidades de mercado en una empresa. Nos enseñaban que se debía manejar el Estado como una empresa para así lograr eficiencia y reducir gastos. Así, brillaban por su ausencia las teorías contestatarias, críticas y revolucionarias. Es como si los libros desaparecidos y quemados por la dictadura militar de los 70, también hubiesen matado las ideas, y las producciones políticas e intelectuales de la región. Conocí a Marx, como conocemos a un primo lejano, que rara vez recordamos el nombre. Ignoré las rebeliones diaguitas y que Colón era un enemigo público y declarado en nuestras tierras y el destino que tuvieron quienes las defendieron hasta morir, por la condena de vivir sobre la abundancia codiciada por los colonizadores. Así transcurrió mi formación en esa misma universidad. La misma universidad que nos prohibió ser oposición y nos persiguió. La misma en la que en 2013 creíamos estar pisando una revolución. El tiempo pasó, el título de licenciada llegó de la mano con la precarización laboral que muchos/as jóvenes vivimos en La Rioja, y así otras luchas me interpelaron, obligándome a salir a las calles. Los lentes con los que miraba la realidad se comenzaron a trisar y cuando no servían para mirar, los cambié, y esas transformaciones personales, también fueron políticas. Las injusticias nos duelen en la piel y en el alma, y no conseguimos dormir ni escribir tranquilos sabiendo que se están realizando reformas contra lxs trabajadorxs, dejando libre a los femicidas, desplazando indígenas y campesinos, y que el racismo cada día se lleva a un ser humano, solo porque su color de piel es más oscuro. Nos invitemos a transformar esa ansiedad en ganas de salir para acompañar los cortes de ruta, de puentes, de bloqueo al capital para que por unas horas, tomemos el poder de controlar al menos nuestras propias vidas, sintiendo la autonomía de respirar sin tener que pedir permiso y sin que lucren con eso. Esas ganas que nos empujaron a luchar contra las prácticas anti democráticas -de ayer y hoy- en la UNLAR, por los derechos laborales de los y las docentes y nodocentes, por excelencia académica y por una transformación radical de las estructuras universitarias. Esas ganas que alguna vez nos pusieron de ejemplo para luchas en otros rincones del país. Que no queden en maquillajes y palabras bonitas o discursos progresistas de cartón. Esas ganas que te patean el útero como si fuese una nueva vida que quiere salir a las calles a marchar y denunciar a quienes permiten la acumulación de pobreza en las villas y favelas de América Latina, la precarización, los despidos en Argentina y a quienes desde sus lugares de poder hacen uso de las instituciones del Estado para beneficios personales y sectoriales y no del pueblo. Sea en los gobiernos como en las universidades. Y entre esas ganas y sueños preguntarnos: ¿alguna vez vamos a concluir nuestras reflexiones –y prácticas- sobre la resistencia? Quizás cuando venzamos... ¡y vamos a vencer! Desde cada rincón abracemos a esos compañeres que han pasado noches de frio haciendo guardia, limpiando, cocinando y sosteniendo con mucho trabajo aquella histórica Toma, que muchos han aprovechado como trampolín al poder. Por la memoria de los y las luchadores cuyos nombres no están en placas, ni en expedientes ni en libros de historia o diarios, pero sin los cuales la lucha no se hubiese mantenido ni 24 hs. Desde cada rincón cantemos: Ole ole ole ola como a Tello les va a pasar así que vayan devolviendo la Normal. Ole ole ole ola como a Tello les va a pasar así que vayan devolviendo la UNLAR 

Macarena

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