EL TERO ATACA DE NUEVO.

En términos de manejo de la policía en Argentina, es obligatorio reconocer que la clase política en general hizo: "la del tero", En un lado pega los gritos y en otro pone los huevos.
La muerte de un niño tucumano de 11 años bajo las balas policiales,nos estremeció como ciudadanos pero también hizo que muchos dirigentes políticos "descubrieran" espantados lo que Ricardo Ragendorfer hace mas de una década bautizó en su libro como: "La secta del gatillo fácil". Si señor. La secta del gatillo fácil es alumna de Lopez Rega, Camps, El Bruja Romero, Margaride, Etchecolatz, Villar, Luis Patti,Milani, etc. etc. y la clase política sin excepción poco hizo para democratizarla. Le sirve.
Esa clase política envió a Patti a Catamarca a investigar el crimen de Maria Soledad Morales con los mismos métodos que el venia a combatir. Y miraron para otro lado.
Esa clase bendijo el slogan de Rucucú Rukauf: "Hay que meter bala al delincuente"..
Esa clase fogoneó con intereses políticos la tragedia del 2001 que se llevo 39 vidas solo en Ciudad Autonoma, Sabe qué. Ningún integrante de la clase sufrió un rasguño. Después vino el : "Que se vayan todos", y no se fue nadie.
6 meses después esa clase acompañó la versión de Carlos Soria, Jorge Capitanich y Anibal Fernandez sobre que en el Puente Avellaneda: "Se mataron entre ellos" y que "un plan insurreccional ",,estaba en marcha. Kosteky y Santillan solo pedían, justicia, pan y trabajo.
La democracia había cedido el poder judicial a la corporación y así nos esta yendo.
Ya por ese tiempo en la policía había un credo: "Somos como el agua, nos adaptamos a cualquier envase"..
En La Rioja también aparecieron los seguidores del oficialismo descubriendo: "la secta del gatillo fácil", con la noticia de Tucuman.
La tortura y posterior muerte del cadete Emanuel Garay les condiciona la furia pero algo deben decir, están siendo repudiados en todos lados y necesitan recuperar iniciativa.
Lo concreto es que como una colaboración podemos decirles que en La Rioja. Ningún policía se identifica en un operativo. Se persigue por portacion de rostro. Se detiene por no tener casco, (siempre y cuando no pertenezcas a su clase) se aplica el "Decreto Videla" de 1977 bajo la ley N° 4.245. sin que la clase política se preocupe demasiado. "Mi hijo esta en terapia intensiva, tiene materia fecal en todo el organismo, fue detenido sin causa", nos dice la madre de Adrian Lozada. Un año después Adrian se suicidó.
El Secretario de DD.HH. de La Rioja decía: "en 2001 se hizo un Código de Faltas desde la Legislatura, un código muy completo y que establecía las garantías constitucionales, los derechos individuales, Y sobre todo que el procedimiento no quede en manos del poder de la policía”. PERO, PERO “se suspendió extrañamente por falta de dinero para poder concretarla por medio de un decreto”.
Lo dice el Secretario de Derechos Humanos de La Rioja, hermano del presidente del Superior Tribunal de Justicia, cuñado de la Vocal de Tribunal de Cuentas Provincial, ex sacerdote. Ex seguidor de Angelelli. No lo decimos nosotros.
La carta que sigue sintetiza todos los dolores y la impotencia.




"MATARON A MI NEGRITO"

Ya no me quedan lágrimas. Nos destrozaron la vida. El Negro era un niño maravilloso, lleno de amistades, que no tenía problemas con nadie. Y anteayer a la madrugada, a pocas horas de su primer día en la secundaria, lo mataron, me lo mataron. Tenía 12 años: 12 años, tenía, ¿entienden? Un niño, hermanito de otras dos niñitas, de repente pasó a estar en el hospital Ángel Padilla, tirado en un rincón, con la cabeza destrozada… Era una criaturita, mi criaturita.
¿Cómo se hace? ¿Cómo hacemos? ¿Quién se lleva este dolor? Para colmo, debemos soportar infinidad de historias falsas, circulando por internet o televisión, porque no, nada hubiera justificado lo que hicieron, pero mi nieto no robaba, ni manejaba un revólver, como inventa la Policía. Había terminado la primaria en la escuela Miguel Lillo con muy buenas notas y estaba por arrancar su nuevo ciclo en la ENET Nº5. Ya tenía todos los útiles, la mochila preparada y su ropa lista. Es más, acabábamos de comprar unos zapatos que no le gustaban para nada, pero los necesitaba para arrancar el colegio. Vivía conmigo y con sus tíos, en mi casa, en el barrio Juan XXIII, conocido como Villa Bombilla, en Tucumán.

El miércoles a la noche, Facu salió en moto con Juan, un amigo dos años más grande, para ir a ver las picadas en el Parque 9 de Julio, como es común acá entre los changos… Al regresar, pasada la medianoche, unos uniformados les dispararon a quemarropa, así, ¡a quemarropa! No existió ningún enfrentamiento. Y en cuanto nos enteramos, salimos corriendo al hospital, donde nos recibieron con mentiras los voceros arreglados con las Fuerzas. “Sufrió un accidente vial”, nos dijeron. Y minutos después, la tomografía nos anunció que había fallecido por el tiro de un arma 9mm.

La versión oficial vino acompañada por un cordón policial, porque “íbamos a generar problemas”. Y entonces inmediatamente fuimos a la Comisaría 1ª, donde nos dijeron que los agentes ya estaban detenidos. Éramos dos mujeres y ellos un montón de hombres, apuntándonos con itakas. Nos ocultaron información y nos sacaron zamarreándonos de los brazos. Ahora, el barrio está lleno de patrullas y, mientras dejo caer estas palabras como lágrimas, comienza una razia en la otra cuadra, bajo la mira de un helicóptero policial que sobrevuela la zona.

El 7 de mayo, Facu iba a cumplir 13. Y sí, soñaba ser como Messi, para poder comprarle una casa a su mamá, que vive en Santa Fe. Allá, él había jugado al fútbol en Unión de Sunchales y tenía pensado volver en unos meses. ¡No podrá! Me parece verlo ahora, jurándonos que algún día nos iba a comprar “una mansión, para poder vivir mejor”. Lo pienso y todavía no entiendo. ¿Cómo que no volveré a ver a mi nieto? ¿Cómo que no volverá a correr hasta mis brazos, gritándome "Pachona, Pachona"? ¿Cómo que lo mataron, si nunca nadie dijo nada malo de mi negrito? No puedo explicar lo que siento aquí, en el pecho. ¡No saben cuántos amigos tenía! No saben cuántos niños había en su entierro.

¡Su entierro!

Ahora sólo nos queda luchar, yendo a Tribunales todos los días, caminando en los pies de todos ustedes, todas las veces que haga falta, porque nosotros no tenemos plata, pero tenemos dignidad. No entendemos y nunca podremos entender por qué hicieron lo que hicieron, pero no van a detenernos hasta que no se haga justicia, para que mi nietito pueda descansar en paz. Yo sigo llorando. No puedo parar. Siento un dolor inmenso, que ya no puedo calmar con sus abrazos...

Te juro, mi negrito,
que no voy a bajar los brazos.

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