DON YAMPA.. 93 de libro Golondrinas sin cielo.
Tolombon.
Pcia de Salta
El movimiento más atractivo de una obra es su
inicio.
Desde diferentes lugares del país llegan las
golondrinas que le darán forma a esta utopía, que quizá solo sea una forma de
blanquear dinero, sabrá Dios su procedencia.
El Chancho, La Mulita, El Yacaré, El Burro. Todos los apodos de la
geografía animal distinguen a estos
trabajadores, quienes aunque cueste creer, disfrutan de su trabajo con el aliciente
de cobrar su quincena y así poder enviar la platita a su familia, que en
algunos casos se encuentran lejos y dependiendo solo del trabajo del hombre de
la casa
Don Yampa, con sus sesenta años, es el ejemplo de trabajador.
Se levanta temprano, prepara el mate y es
de los primeros en ingresar a la obra.
Su figura es la de un directo descendiente
de los primeros dueños de estas tierras, sus rasgos parecen llevar impresos la
historia de su raza.
Nadie sabe si don Yampa es un hombre
serio o si su silencio expresa la marginación a la que los suyos fueron
condenados.
Nunca se lo ve gritar, tampoco es
necesario darle demasiadas indicaciones, todos los trabajos que se le ordene,
él los hace sin ningún reclamo.
En
el comedor se sirven las comidas que la improvisación de la cocinera permite,
eso hace que, a veces, en días de calor nos sirvan locro.
Don Yampa, cada vez que se sienta a la mesa lleva consigo una pequeña
piedra, chatita, del tamaño de la palma de su mano y como un ritual la coloca
junto al plato. La usa cuando nos sirven puchero, en ella golpea el hueso del
que extrae el caracú, que para don Yampa es un exquisito manjar; luego de
comer, lava la piedra, la envuelve en un papel y la guarda debajo de la
almohada.
Aunque algunas actitudes de don Yampa no las entendemos, todos lo
apreciamos por el respeto que infunde.
Un día, un pícaro compañero, le roba su piedra y don Yampa cae en un
estado de pena que lo hace dejar de
comer.
Alguien se ha metido en su intimidad, alguien le ha faltado el
respeto. Lo que para el que lo hizo, era
un chiste, para don Yampa es demasiado importante y cree que no se lo merece.
En un principio, todos piensan que estaba enfermo, pero cuando se
enteran que le habían escondido la piedra, todos reaccionan exigiendo al ladrón
que se la devuelva. Solo así, don Yampa se reintegra a la mesa.
Los Coyas, Quilmes y Calchaquíes de la zona, hoy convertidos en
atracción turística, no viven en lo alto de los cerros porque les gusta, lo
hacen porque hasta allí los llevó la expulsión a la que aun hoy los seguimos
sometiendo, con nuestra xenofobia criolla.
La tristeza, el silencio y la humildad de don Yampa quizá sean la
síntesis de todas esas injusticias.
En las ciudades del norte, si una persona quiere insultara otra lo trata
de “indio”, “coya”, bolita”.

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